Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Diego S. Garrocho Salcedo

UAM / MIT / BC

¿Para qué vivir?

¿Por qué vivimos? Esta sería, sin duda, una pregunta de alcance filosófico. Puede, incluso, que existan demasiadas respuestas posibles y, también es probable, que detrás de esta formulación se esconda no una sino, muchas preguntas diferentes. Sin embargo, una pregunta tan abstracta como esta podría alcanzar un sentido cotidiano si en vez de formularla de una manera tan genérica tratamos de ajustarla a un lenguaje más cercano. Así, en vez de preguntarnos ¿para qué vivir?, o ¿por qué vivimos?, tendría sentido mundanizar la pregunta hasta transformarla en otra fórmula mucho más asequible: ¿por qué hacemos las cosas que hacemos?

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Aristóteles, genial, como tantas veces, intuye al inicio de su Ética Nicomáquea que detrás de esta pregunta se esconde el verdadero sentido de todo discurso moral. Los hombres y mujeres estamos constantemente realizando acciones: escribimos, comemos, acudimos al trabajo, conversamos, vamos al supermercado… y detrás de cada una de estas acciones se esconde un propósito distinto. Hacemos cosas porque queremos obtener un resultado y cada una de nuestras acciones está promovida por la consecución de un propósito. Una biografía perfecta sería aquella que describiera, con todo detalle, el conjunto total de las acciones de un individuo y así, diremos, la suma de todo lo que hacemos sería una cabal descripción de lo que es nuestra vida.

Si pudiésemos encontrar un propósito común a todas las cosas que hacemos habríamos encontrado respuesta a la pregunta que anteriormente formulamos y podríamos dar sentido a toda nuestra conducta. El ejercicio no parece demasiado complicado: si tenemos hambre tendremos que procurarnos alimento, pero si estamos cansados lo que tendremos que buscar es un lugar donde encontrar reposo. Ahora bien, si sumamos todas nuestras apetencias, todos nuestros propósitos y cada uno de los fines que nos mueven a la acción, ¿podríamos encontrar la motivación general de nuestras vidas? Si la respuesta es afirmativa, con esa motivación general habríamos encontrado un infalible patrón de conducta.

Aristóteles, en el Libro I de la Ética Nicomáquea asume el riesgo y consciente de la dificultad se atrevió a formular una respuesta. Parece, además, que la respuesta del de Estagira fue acertada, pues nunca conocí a ningún hombre que no haya vivido conforme a ese propósito… ¿Cuál fue?



escrito el 29 de Abril de 2009 por en General


1 Comentario en ¿Para qué vivir?

  1. Orson cortes | 31-05-2009 a las 0:28 | Denunciar Comentario
    1

    La pregunta parte de un ser humano.No la entenderiamos si procediera de una planta o de un animal.¿que le contestaríamos a una acacia si nos preguntara para que vive?.Sin embargo,la respuesta que le dieramos sería probablemente la válida para nosotros.No somos demasiado diferentes de una acacia o de un cangrejo,de modo que la pregunta,tan generica,creo que nos comprende a todos y que todos obtendriamos,de quien pudiera responderla idéntica frase.
    Sin embargo,objetamos,que la pregunta no la realiza ni la acacia ni el cangrejo (y mejor para ellos,de buena se libran),la realiza un ser humano.Y,bien,¿que es un ser humano?.La respuesta a esta pregunta condicionará la respuestaa a la otra.Si admitimos que el ser humano es aquel animal cuya respuesta se encuentra parcialmente liberada de la accion instintiva,que ha de elaborar la respuesta a sus problemas contando con una parte reflexiva,entenderemos por que llega a plantearse una cuestion que,ni de lejos,se podrían plantear la acacia o el cangrejo.Pero si el hombre puede hacerse la pregunta,por generalizacion de su capacidad para plantearse otras mas comunes y necesarias para su supervivencia,no lo hace apercibiendose de que está trasgrediendo los limites de validez para la pregunta.La pregunta es lógicamente licita para el campo en el que ha de moverse el hombre,por ejemplo,para responder ¿para que sirve un martillo?.Extender la manera de formular el pensamiento,la interrogacion del para que a la misma vida excede el limite de permisividad del pensamiento humano.Creo.

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