Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Diego S. Garrocho Salcedo

UAM / MIT / BC

La felicidad

felicidad2

La felicidad (eudaimonía), dirá Aristóteles. Tal es el fin y propósito de toda vida humana. La respuesta parece sencilla y en cierta medida vacua puesto que aún podríamos seguir preguntándonos en qué consiste dicha felicidad. No existe, creo, una sola respuesta a esa pregunta. Muchos son los elementos singulares que determinan nuestra circunstancia vital y muy distinta la colección de apetencias que, en cada uno de nosotros, podría inclinarnos a buscar esa felicidad en una u otra dirección. Es interesante, sin embargo, contrastar que la vocación inicial de la ética fue dar respuesta a esa pregunta y Aristóteles dedicó a tal propósito, al menos, su Ética Nicomaquea y su Ética Eudemia.

http://lucilius.aprenderapensar.net/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gifSer moral, para un griego, sería algo semejante a ser un aristós (de donde proviene, por cierto, nuestra palabra “aristócrata”), un hombre que en razón de sus virtudes podría considerarse excelente. El excelente o virtuoso no sería aquel que obra de manera recta por no atender a su apetencia sino que la virtud consistiría, precisamente, en educar sus apetencias hacia el mejor camino con vistas a que, por medio del hábito, pudiésemos obrar correctamente sin esfuerzo alguno. La ética, por lo tanto, no prescribiría acciones con vistas a cumplir una excelencia sino que determinaría qué apetencias habrían de potenciarse o moderarse para adquirir, en buena razón, la verdadera felicidad.

No es extraño, en nuestros días, entender la moral como un sistema de normas que se imponen a nuestra inmediata apetencia. La necesidad de ser moral queda descrita, precisamente, por la distancia que existe entre la vida que nos apetece vivir y aquella que, a las luces de la moral, debería ser vivida. Parece que las normas morales se ciernen sobre nuestras cabezas fiscalizando nuestras acciones entre aquellas que se adecúan a la norma (social, política, filosófica) y aquellas que deberían ser reprobadas. Tal esquema, constante en la adolescencia y habitual en la vida adulta, no responde, sin embargo, al verdadero origen del discurso ético y arriesga demasiado al enfrentar nuestra libertad con un a veces inasumible canon de conducta.

Por ello, y con vistas a restituir un discurso olvidado pero recientemente vindicado (MacIntyre, Anscombe, Geach) en este blog iremos rastreando las ideas que Aristóteles nos legó en sus textos morales. Veremos, entonces, que al menos en origen, la ética no supuso ningún obstáculo a la libertad sino que, por medio de la evaluación racional, trató de delimitar modelos excelentes que, a fin de cuentas, no buscaban otra cosa que conquistar la por todos perseguida eudaimonía.



escrito el 17 de mayo de 2009 por en General


3 Comentarios en La felicidad

  1. Orson cortes | 31-05-2009 a las 0:39 | Denunciar Comentario
    1

    Me da la sensacion que a la felicidad le ocurre algo parecido al sentido de la existencia.El cuerpo está dotado de mecanismos de recompensa,tanto el cuerpo fisico como el social,y al conjunto de las recompensas que nos dan gozo (y no me refiero al concepto mas concreto y limitado de placer) quizá le llamamos felicidad.Sencillo…para un animal.
    De nuevo el hombre da al traste con lo bien previsto para el funcionamiento correcto de otros animales.El hombre ha descubierto que el medio es el mensaje y con eso ha pervertido gran parte de la logica del funcionamiento animal.Me explico.
    Al animal le da gozo lo que le compensa,lo que le favorece a él o a su especie.El hombre es capaz de producir los componentes sinteticos adictivos que le proporcionan gozo (aparente) sin que ello signifique recompensa a postura o actividad alguna.E incluso,a veces,incluso significando lo contrario.
    Si el hombre buscase la felicidad,sin mas,le bastarían cosas muy elementales.Pero resulta que no,que el hombre sigue buscando,que está intranquilo…incluso,tal vez,despues de haber cumplido con su papel como especie.
    Puede que la naturaleza sea asi de dura con quienes la componemos y que,despues de haberle sido utiles,nos deje extinguir sin la menor complacencia ni explicación.
    Usted,por ejemplo,puede que no sepa si yo soy una persona o una maquina que está razonando sobre filosofía.
    En estos momentos la inteligencia artificial desbanca a la natural en cuanto a sus ocupaciones y la va dejando progresivamente en el paro.¿tienen sentido,pues,estas preguntas?.Al menos sabemos que,quienes son mas capaces de nosotros,se ocuparán de ellas en el presente o en el futuro.Y quizá lo que nos cueste sea,simplemente,admitir que ya no servimos para nada.Pero,esto,en el fondo,¿no era la libertad ansiada por los griegos?.¿debe ser motivo de desolación o de regocijo?.

  2. lucilius | 08-06-2009 a las 0:23 | Denunciar Comentario
    2

    Muchas son las cuestiones que apuntas en tu comentario lo que me hace pensar que, pese a todo, no es usted una máquina sino efectivamente una persona. Si las preguntas tienen o no sentido es algo de por sí complejo. ¿Qué queremos decir con “sentido”? ¿Merece la pena que descartemos todas las preguntas sin sentido? ¿Tuvo sentido que Picasso pintara el Guernica?¿Y que Wittgenstein renunciara a su millonaria herencia? Más allá de estas preguntas retóricas, que espero entienda de buen grado, creo que acierta en muchas de sus observaciones y la filosofía nunca debe dejar de estar bajo sospecha. Si finalmente no tuviera sentido hacerse estas preguntas tal vez sería necesario empezar a formular otras. En cualquier caso sí quiero decir que la mayor parte del contenido de este blog se inspira en la “Ética Nicomáquea” de Aristóteles y, por lo tanto, presento ideas que lejos de ser mías son originales del filósofo griego. Muchas gracias, Orson, por sus comentarios. Agradezco sinceramente sus ideas y espero que sigamos viéndole por aquí. Un saludo

  3. mayralina | 12-05-2010 a las 17:31 | Denunciar Comentario
    3

    muy interesante el ejemplo de la medida de los angulos interiores de un triangulo

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