Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Diego S. Garrocho Salcedo

UAM / MIT / BC

Cuestión de suerte

A muchos podría parecernos que la felicidad es cuestión de suerte. Es razonable, desde luego, pensar que gozar de buena salud es un requisito imprescindible para ser felices. No digamos ya si observamos a nuestro alrededor y encontramos hombres y mujeres que en apariencia pudieran tenerlo todo: dinero, fama, belleza… A ojos de no pocos podría parecer que estas condiciones son determinantes a la hora de alcanzar la felicidad e incluso, el hombre más moderado, exigiría una serie de condiciones mínimas para poder desarrollar su proyecto de vida. dados

Aristóteles comienza su Ética Nicomaquea advirtiendo que, en efecto, la fortuna o el azar (tyché) juegan un papel relevante a la hora de facilitar o no la vida feliz. Los infortunios pueden ser grandes o pequeños y en tal medida podrán afectar a nuestro ánimo. Sin embargo, el filósofo advierte que no sería congruente hacer depender nuestra felicidad de las condiciones que nos brinde el azar o la fortuna. La vida sería como una partida de naipes en las que, casi siempre, será más fácil jugar si las cartas nos son favorables. Eso sí, como no dependerá de nosotros la calidad de nuestras cartas, antes de aprender a lamentarnos mejor haríamos en convertirnos en expertos jugadores. Y recordemos, no es buen jugador aquel que puede ganar con las mejores cartas, sino aquel que aun teniendo cartas desfavorables es capaz de jugar con solvencia la partida.

Algo semejante ocurriría entre la vida, la felicidad y la suerte. La dosis de fortuna no depende de nuestra decisión por lo que todo cuanto debemos hacer es aprender a vivir correctamente. Así, ser un buen hombre es tanto como ser un hombre que vive una buena vida. Y una vida es el tiempo que va desde que nacemos hasta que morimos. Momentos fugaces de alegría y tristeza podrá tenerlos, sin duda, cualquier hombre, pero una buena vida, siempre según Aristóteles, requiere un ejercicio constante y extendido en el tiempo. Así, en parte, se neutraliza el papel de la fortuna. Habrá momentos de suerte, otros aciagos y, la mayoría de las veces nos encontraremos en un justo equilibrio. Por ello, la felicidad no podrá depender de la fortuna sino que el hombre feliz, a excepción de toda gran desgracia, será aquel que sea capaz de soportar con entereza las vicisitudes de la vida. Tal vez, como dice alguna gente, más que cuestión de suerte, puede que ser feliz sea cuestión de carácter.



escrito el 20 de mayo de 2009 por en General


3 Comentarios en Cuestión de suerte

  1. Dolores | 28-05-2009 a las 12:58 | Denunciar Comentario
    1

    Eso me recuerda a lo que dice Maquiavelo sobre la virtud en El Príncipe: que es el dique que uno construye en época de calma, y que permite salir del paso cuando la tormenta arrecia:
    “pienso que puede ser cierto que la fortuna sea árbitro de la mitad de las acciones nuestras, pero la otra mitad, o casi, nos es dejada, incluso por ella, a nuestro control. Yo la suelo comparar a uno de esos ríos torrenciales que, cuando se enfurecen, inundan los campos, tiran abajo árboles y edificios, quitan terreno de esta parte y lo ponen en aquella otra, los hombres huyen ante él, todos ceden a su ímpetu sin poder plantearle resistencia alguna. Y aunque su naturaleza sea ésta, eso no quita, sin embargo, que los hombres, cuando los tiempos están tranquilos, no puedan tomar precauciones mediante diques y espigones de forma que en crecidas posteriores, o discurrirían por un canal, o su ímpetu ya no sería ni tan salvaje ni tan perjudicial. Lo mismo ocurre con la fortuna: ella muestra su poder cuando no hay virtud organizada y preparada para hacerle frente y por eso vuelve sus ímpetus allá donde sabe que no se han construido los espigones y los diques para contenerla”.
    Texto tomado de Angelus Novus, edublog de filosofía:(http://jacgmur.blogspot.com/2009/04/resumenes-de-filosofia-medieval-y.html)

  2. Manuel | 03-06-2009 a las 15:55 | Denunciar Comentario
    2

    Me gusta mucho el ejemplo del río que se desborda y estoy totalmente de acuerdo con que hay que construir el dique mientras las cosas están tranquilas.
    Pero también es verdad que es necesario pasar por la tormenta para saber cómo tenemos que construir el dique: si siempre hace sol nunca sabremos dónde poner las barreras de la misma forma que si cada día es peor o diferente que el anterior, las que hayamos puesto no servirán de nada…

  3. lucilius | 08-06-2009 a las 0:17 | Denunciar Comentario
    3

    Muchas gracias por tu comentario, Dolores. Sí, efectivamente las palabras de Maquiavelo están muy bien traídas. Es interesante, además, el modo en que se describe la prudencial capacidad de acción que nos queda a los hombres a pesar del determinismo de la fortuna. Gracias de nuevo. Espero que sigamos viéndonos por aquí. Un saludo

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