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Repensar la Educación

Diego S. Garrocho Salcedo

UAM / MIT / BC

Un conocimiento práctico

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Comúnmente entendemos la filosofía como una forma de conocimiento puramente teórico que, en ocasiones, podría parecer demasiado distante del mundo en que vivimos. No faltan razones para creer que, en efecto, la filosofía ha podido pecar de una excesiva vocación especulativa al demostrarse inaccesible para la mayoría de personas. Siendo lectores juiciosos, sin embargo, debemos considerar que junto a esta descripción puramente teórica del mundo conviven en la filosofía otras formas de conocimiento que acusan un carácter puramente práctico y de las cuales podríamos extraer numerosas conclusiones útiles para nuestra propia vida .Tal es el caso de la ética, un área específica de la filosofía que no habría de comprenderse desde una perspectiva teórica sino como un examen relativo a las acciones (EN, 110328).

Según Aristóteles, Platón había identificado las virtudes con las ciencias, de modo que conociendo la justicia o la valentía ya seríamos justos o valerosos necesariamente. En la Ética Nicomáquea, por el contrario, se distingue el conocimiento teórico de la ejecución práctica y se advierte que, en ética, “no queremos conocer qué es el valor sino, antes, ser valerosos” (1116b). Este carácter puramente práctico de la ética aristotélica ha servido para que muchos intérpretes consideren a Aristóteles como el primer filósofo que construyó una ética en sentido estricto. Platón concibió al bien como una idea (la principal en poder y dignidad) por lo que hacer y conocer el bien parecían ser una y la misma cosa. Sin embargo, para Aristóteles la ética no es más que un discurso sobre la buena vida (eu zen) y el buen hacer (eu prattein).

Un hombre que contara con todos los conocimientos de medicina existentes en el mundo sólo podría ser considerado un buen médico en el caso de que fuera capaz de aplicarlos de manera práctica. De igual modo, en ética, el hombre virtuoso no sería aquel que posee valiosos conocimientos teóricos acerca de qué es el bien sino aquel que obra de manera virtuosa. Por ello, al estudiar la Ética Nicomáquea no deberíamos memorizar conceptos como hacemos en otras ciencias sino evaluar en qué medida estos conocimientos pueden resultar útiles y prácticos en nuestra propia vida. Conocer, por ejemplo, qué es la justicia podría servirnos como condición para poder obrar justamente. Sin embargo, sólo seremos justos en el momento en que, a lo largo de una vida, hayamos obrado justamente las más de las veces. Qué sea la justicia o en qué medida podemos encontrar una definición definitiva constituye, desde luego, otro problema del que también nos ocuparemos un poco más adelante.



escrito el 28 de junio de 2009 por en General


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