Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Diego S. Garrocho Salcedo

UAM / MIT / BC

El buen placer

500081575_87f05d34be_o1Dirijamos nuestra atención a la descripción que Aristóteles realiza del placer (hedoné). Dice el filósofo: “las virtudes están relacionadas con las acciones y las pasiones […] y el placer y el dolor acompañan a toda pasión” (EN, 1104b15). Parece, como dijimos, que el placer y el dolor son objetos específicos del discurso moral ya que, como elementos que acompañan a toda pasión (páthos) son elementos constitutivos de la conducta humana. El placer y el dolor no son, por lo tanto, actividades concretas sino sensaciones (o, más complejamente, experiencias) que acompañan a nuestras distintas actividades. Así, sentir placer aisladamente sería una experiencia imposible y no parece lógico contestar a la pregunta ¿qué haces? con un escueto e indefinido “estoy sintiendo un dolor”. Uno puede disfrutar montando a caballo, tocando un instrumento o haciendo surf del mismo modo que puede pasar un mal rato hablando en público, realizando un examen de filosofía o cargando una maleta pesada. El placer y el dolor no irrumpen aisladamente en nuestras vidas sino que aparecen junto a actividades que, conforme a nuestro gusto, nos apetece o no llevar a cabo.

Podría parecer éticamente sensato identificar el placer con aquello que queremos. Si deseo realizar un viaje o ver una película es porque racionalmente creo que disfrutaré llevando a cabo estas actividades. Puede, incluso, que no sea tanto la actividad concreta la que me reporte el placer sino un objetivo más distante el que nos conduce a actuar de una determinada manera. Pensemos, por ejemplo, en el deporte. Creo difícil que alguien disfrute realizando flexiones o corriendo seis kilómetros al día y sin embargo existen muchas personas que realizan deporte habitualmente. En este ejemplo el placer queda distanciado de la actividad inmediata y se proyecta hacia el futuro, estableciéndose el ejercicio como un medio para conquistar un objetivo posterior. Así, el hombre o la mujer que hace deporte puede desear que su salud mejore o recuperar la movilidad de un miembro lesionado. Del mismo modo, el estudiante que pasa largas tardes estudiando podría responder que el placer que persigue no es tanto el esfuerzo mismo del estudio sino la satisfacción futura de superar con garantías los próximos exámenes.

Es un rasgo de la racionalidad humana el ser capaces de disponer una serie de medios para conquistar un fin deseado. Lo que nos distingue de algunos animales es el ser capaces de superar el estímulo directo para reflexionar y decidir el mejor de los caminos con vistas a alcanzar nuestro objetivo. Así, la mosca se topa insistentemente contra el cristal de una ventana abierta porque quiere salir de la habitación por el camino más corto. Si en lugar de intentar atravesar el cristal (tarea imposible) fuera capaz de retroceder, bordear la ventana y encontrar el lugar por el que está abierta, la mosca podría salir libremente. Tal es la característica del comportamiento racional humano.

Aristóteles atiende a esta descripción en su tratamiento de los placeres en la Ética Nicómaco. Por ello, en ocasiones, encontramos pasajes en los que el estagirita censura la búsqueda inmediata de placeres como si tal conquista fuera el objetivo último y definitivo de nuestra vida. El propósito de la ética, como insistentemente hemos referido, es la felicidad o eudaimonía. Por ello, antes de abandonarnos a la búsqueda del placer deberíamos realizar una jerarquía entre aquellos placeres que son mejores y aquellos que podrían considerarse secundarios. Como ya señalamos, el placer no es una actividad específica sino una sensación que acompaña a las distintas acciones y pasiones. Por ello, la doctrina Aristotélica tratará de determinar qué actividades son las que nos reportan los mejores placeres y cuáles son las formas de placer que deberían quedar subordinadas.



escrito el 3 de Julio de 2009 por en General


Escribe un comentario

Recuerda que:
  • Las opiniones aquí expresadas serán responsabilidad tuya, y en ningún caso de Aprender a Pensar
  • No se admitirán comentarios que vulneren lo establecido por las leyes y por las Normas de uso de este sitio
  • Aprender a Pensar se reserva el derecho de eliminar los comentarios que considere inadecuados
Los datos serán tratados de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, y demás legislación aplicable. Consultar nuestra Política de Privacidad
Aprender a Pensar