Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Diego S. Garrocho Salcedo

UAM / MIT / BC

Libertad II

cerraduraErich Fromm (1900-1980) fue un autor alemán que supo resumir en el título de un libro una intuición que ha planeado sobre toda la historia del pensamiento moral: El miedo a la libertad (Die Furcht vor der Freiheit). Queremos ser libres pero el ejercicio de esta libertad nos hace responsables y nos exige, ante nosotros mismos y ante cualquier ser humano, ser capaces de dar razón de nuestra conducta. Si el ejercicio de la libertad consistiese en un mero “querer”, en un mero impulso de la voluntad, la conducta humana sería tan azarosa como sus circunstancias. Cada instante determinaría nuestras acciones y las razones que nos llevarían a vivir de una u otra manera serían puras contingencias: una urgencia, una intuición o un apetito decantarían a cada instante la dirección de nuestras decisiones.

Sin embargo, en nuestra vida cotidiana, somos capaces de distinguir comportamientos honestos, justos, despiadados o sensatos. No sólo somos libres sino que, de mano de Aristóteles, hemos sido capaces de tomar conciencia de nuestra propia libertad. Aunque parezcan una y la misma cosa no es lo mismo ser libre que ser libre y saberse libre. Un hombre libre simplemente actúa con arreglo a su deseo, sus principios y sus convicciones. Un hombre que además es consciente de la libertad de su acción habrá de detenerse reflexivamente a la hora de evaluar, en cada circunstancia, de qué modo debemos actuar. Si Fromm nos habló del miedo a la libertad otro pensador del pasado siglo, Jean Paul Sartre (1905-1980), nos advirtió que el hombre está condenado a ser libre apuntando desde esta cita una de las paradojas que entraña el propio concepto de libertad.

Soy, por tanto, enteramente libre a excepción del hecho de ser libre. La libertad no es una opción que se escoge o se abandona sino que aparece como una determinación irrenunciable de la que tan sólo podemos hacernos cargo. Como avanzamos algunas líneas atrás, el valor político y personal que concedemos a la libertad entraña consigo una noción algo más comprometida: la responsabilidad. Ser libre es tanto como ser responsable de aquello que hacemos y, según la intuición sartreana, nada podría eximirnos de la responsabilidad que ostenta el hombre libre.

Aristóteles no pudo ni tan siquiera imaginar el modo en que la filosofía del siglo XX iba a acoger el concepto de libertad. Sin embargo, nada de lo que dijo el filósofo griego nos señaló parece hoy agotado y sus ideas pueden resultar de gran utilidad para una interpretación moral de nuestra propia vida. El ser humano además de razón (zoon logon echon) y política (zoon politikon) se distingue por su capacidad para decidir su conducta conforme a una deliberación racional (bouleusis). Es por ello que el modo en que nos interroguemos éticamente determinará, a buen seguro, la forma en la que obramos cotidianamente.

¿Cuáles habrán de ser los criterios que distingan la vida justa de la injusta? ¿Cómo actuar en los momentos de dificultad? ¿Es éticamente aceptable ayudar a quien no pretende aceptar nuestra ayuda? ¿Caben las excepciones dentro de la ética? Existen tantas respuestas a estas preguntas como individuos existan o hayan existido. Aristóteles, desde luego, parece un buen candidato a la hora de dejarnos asesorar pero ni tan siquiera el discípulo de Platón tiene garantizada la respuesta adecuada.



escrito el 8 de octubre de 2009 por en General


Escribe un comentario

Recuerda que:
  • Las opiniones aquí expresadas serán responsabilidad tuya, y en ningún caso de Aprender a Pensar
  • No se admitirán comentarios que vulneren lo establecido por las leyes y por las Normas de uso de este sitio
  • Aprender a Pensar se reserva el derecho de eliminar los comentarios que considere inadecuados
Los datos serán tratados de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, y demás legislación aplicable. Consultar nuestra Política de Privacidad
Aprender a Pensar