Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Diego S. Garrocho Salcedo

UAM / MIT / BC

Libertad III

cartasSomos humanos en tanto que somos seres libres aunque dicha libertad no pueda interpretarse en un sentido absoluto. La historia de la filosofía nos ha ofrecido innumerables definiciones de libertad y, a buen seguro, cada una de ellas nos ofrece una interpretación útil acerca del concepto que habitualmente referimos con el término “libertad”.  Para Aristóteles la libertad consiste en la posibilidad de decidir racionalmente entre varias opciones y obrar en consecuencia. La ética no sería más que el discurso racional que debería asistirnos a la hora de deliberar hasta que, por medio de la repetición y el esfuerzo, fuésemos de integrar mecanismos automáticos que en nuestra vida nos llevaran a obrar rectamente. Es decir, a vivir una vida en la que verdaderamente pudiéramos decirnos felices.

La libertad aristotélica, sin embargo, no debe interpretarse como una capacidad total para poder hacer en todo momento aquello que queramos. Existen circunstancias que nos determinan, nos impiden o que al menos estrechan el campo de acción. No puedo elegir ser más fuerte, tener más dinero o tener todo el conocimiento del mundo. Como mucho, puedo acudir al gimnasio para mejorar mi forma física, puedo doblar mi horario de trabajo para ganar más dinero o aplicarme en el estudio si quiero mejorar mi formación. La libertad, sirva la metáfora, no podría definirse como una decisión absoluta acerca de las circunstancias y de mi acción sino tan sólo como una capacidad para elegir, en un contexto dado, entre una u otra forma de conducta.

Imaginemos que estamos jugando una partida de cartas. En un primer momento –y barajando un concepto absoluto de libertad- podríamos pensar que ser libres es tanto como decidir qué cartas han de tocarme en el reparto, qué jugadores quiero que estén en la partida y cuáles habrán de ser las reglas del juego. Tal interpretación, dudosamente deseable, dista mucho del concepto de libertad que aquí manejamos. Para Aristóteles (y, en gran medida, para la filosofía en general) la libertad consistiría en tener la posibilidad de decidir en qué modo quiero jugar las cartas que me han tocado para poder vencer en un juego (la vida) en el que me encuentro ya inserto. Tal vez, acaso, podríamos decidir no jugar si nos alejamos de la ciudad y optamos por vivir con las bestias. Sin embargo, ser libre en el seno de la pólis, es tanto como tener la posibilidad de decidir cómo quiero jugar mis cartas.



escrito el 10 de Octubre de 2009 por en General


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