El término medio
Aristóteles definió la mayor parte de sus virtudes como el término medio entre dos extremos, algo que aún en nuestros días podemos reconocer incluso en algunos refranes. Parece que somos aristotélicos sin saberlo y es que algo parecido a lo que dijo Aristóteles queremos significar con expresiones como “ni tanto ni tan poco”, un dicho que condensa el célebre adagio griego del “nada sin medida”.
Tomemos como ejemplo la virtud de la valentía (andreía). Para Aristóteles no es valiente quien no tiene ningún miedo sino quien, aún consciente del riesgo y embargado por el temor, es capaz de obrar correctamente. Podemos comprender su doctrina del término medio imaginando los extremos de la valentía por exceso o por defecto. Ser excesivamente valientes podría conducirnos a exponernos a riegos excesivos o peligros innecesarios. Sin embargo, si somos precavidos en exceso y el miedo gobierna nuestra acción estaríamos incurriendo en el error contrario: seríamos excesivamente poco valientes.
De cada rasgo humano el hombre virtuoso habrá de encontrar la exacta medida entre cada uno de los extremos aunque existan algunas virtudes que, como la justicia, nunca pueden acusar un exceso. Aristóteles de nuevo demuestra su astucia enunciando esta forma de excepción ya que de la mayoría de rasgos imaginables podemos imaginar comportamientos exagerados por exceso o por defecto. Así ocurre con la generosidad, con la templanza o, como dijimos, con la valentía. Sin embargo, no parece fácil imaginar un hombre del que podamos decir que es demasiado justo. La justicia, una virtud muy singular de la que nos ocuparemos específicamente más adelante, no admite la posibilidad del exceso. Nunca seremos lo suficientemente justos y, por lo tanto, nunca debemos poner en suspenso nuestro esfuerzo por alcanzar la justicia.


