Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Diego S. Garrocho Salcedo

UAM / MIT / BC

La agudeza

BromaUna de las virtudes aristotélicas más sorprendente es aquella que en su traducción castellana hemos venido a llamar “agudeza”. Habitualmente identificamos a los filósofos como personajes aburridos, estudiosos, analíticos y muy probablemente excesivamente serios. Esa percepción puede resultar ajustada en muchos ejemplos concretos aunque si nos acercamos a las distintas biografías de los filósofos más conocidos de nuestra tradición pronto nos percataríamos que detrás de esa imagen seria y académica muchas veces se encuentran personajes fascinantes y desenfadados.

Ya aprendimos, en las primeras entradas de este blog, que para hablar de ética no tendríamos que adoptar una actitud especialmente seria ni tan siquiera deberíamos interpretar el discurso moral como un canon prohibitivo que trata de describir exclusivamente qué cosas debemos hacer y cuáles no. En origen, como ya dijimos, la ética no es más que la ciencia de la felicidad por lo que el entretenimiento, la diversión y el mero disfrute deberían ser contenidos sobre los que tendremos que hablar necesariamente.

De este modo, Aristóteles, a la hora de enumerar sus virtudes éticas, incluye la “agudeza” como un rasgo que hace referencia directa al humor. Para el filósofo griego la distracción y las bromas deben tener lugar en toda vida virtuosa. Por ello, del mismo modo en que describimos el término medio entre la temeridad y la cobardía, Aristóteles describe el equilibrio entre el exceso de seriedad y la bufonería.



escrito el 23 de noviembre de 2009 por en General


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