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Repensar la Educación

Diego S. Garrocho Salcedo

UAM / MIT / BC

Sinceridad II

magritteLa sinceridad parece un tanto más compleja cuando en lugar de hacer referencia a las cosas que ocurren en el mundo material apuntan a realidades más esquivas como son los sentimientos las intenciones o incluso los juicios de valor. Otro caso de gran complejidad es la sinceridad referida a nuestra propia personalidad en la que siempre podremos distinguir virtudes y defectos. Aristóteles atiende a este ejemplo al hablar de la virtud de la sinceridad . Con el concepto de authékastos parece describir algo parecido a la autenticidad en la descripción o imagen que proyectamos de nosotros mismos, una forma de sinceridad que incorpora ciertas dificultades específicas.

Desde una perspectiva general, en referencia a la sinceridad, no cabría hablar de un término medio. Moralmente es siempre preferible (tal vez, salvo contadas excepciones) la verdad a la mentira. Sin embargo, en referencia al discurso sobre nuestra propia personalidad sí existirían formas de sinceridad que para Aristóteles serían inapropiadas por exceso o por defecto. Imaginemos, por ejemplo, la jactancia y la falsa modestia. El jactancioso es aquella persona que ensalza sus cualidades por encima de la realidad e insiste en atribuirse méritos que no le son propios. Este rasgo parece a ojos de cualquiera indeseable y, sin duda, cualquier persona señalaría como un defecto semejante característica.

Lo singular de la descripción aristotélica es que también se distinga como un rasgo inapropiado la ironía o la falsa modestia. El filósofo afirma que es aún más censurable el carácter del jactancioso pero resalta la conveniencia de ser capaces de pronunciarnos con certeza y naturalidad sobre las cualidades que nos son propias. La autoestima y la veracidad en nuestra propia evaluación serán rasgos loables por lo que, para Aristóteles, sin dejar de ser modestos, será también un rasgo virtuoso el ser capaces de pronunciarnos verazmente acerca de nuestras propias cualidades sin tratar de enmascarar con ironía y falsa modestia las virtudes que nos sean propias.



escrito el 3 de diciembre de 2009 por en General


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