Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Diego S. Garrocho Salcedo

UAM / MIT / BC

La ambición

ambición IOtra de las virtudes que Aristóteles describió en un Ética Nicomáquea fue la ambición, un concepto que reclama especialmente nuestra atención ya que actualmente no existe un consenso social en torno a su consideración. Cuando somos jóvenes escuchamos de boca de nuestros padres y profesores que debemos estudiar para labrarnos un futuro mejor pero son también habituales las veces en las que escuchamos decir de alguien que “es demasiado ambicioso”. Parece legítimo el que cada uno de nosotros pueda aspirar a alcanzar su ideal de vida, sea este el que sea. Es responsabilidad de cada uno de nosotros el decidir qué queremos hacer con nuestra vida, qué profesión queremos ejercer o en qué modo queremos distribuir nuestro tiempo y esfuerzo. Sin embargo, el riesgo de todo propósito vital, es que nuestra apetencia se enfrente a los proyectos o deseos de otras personas por lo que habitualmente, en nuestra vida cotidiana, somos testigos y protagonizamos lo que genéricamente denominamos “conflictos de intereses”.

La ambición, para los griegos (y así para Aristóteles) era descrita como el deseo de recibir honores. Qué entendamos por tal honor es algo que puede variar de una época histórica a otra pero podríamos interpretar, de manera general, que en todo tiempo y cultura el honor podría definirse como un reconocimiento por parte de la comunidad en la que vivimos. En esto somos también poco originales ya que, parece claro, todo individuo desea ser reconocido por las personas que le rodean: nuestros padres, nuestra pareja, nuestros amigos, nuestros profesores… son personas de cuya opinión depende, en gran medida, nuestra propia autoestima. Parece difícil estar satisfecho con uno mismo cuando tu familia no deja de recordarte tus errores y nuestra felicidad quedaría seguramente impedida si todas las personas que tenemos a nuestro alrededor tuvieran un mal concepto de nosotros mismos.

Entonces, ¿cómo debemos gestionar nuestras ambiciones según Aristóteles? Seguramente muchos de vosotros, en la medida en que hayáis leído las entradas anteriores, estaréis imaginando la respuesta correcta: en esta como en tantas otras virtudes Aristóteles defiende la doctrina del término medio. Recordemos: de toda característica humana podemos pecar tanto por exceso como por defecto por lo que, en lo que respecta a la ambición, también deberemos contenernos hasta encontrar un punto de equilibrio que no permita ser ambiciosos en la medida justa.



escrito el 6 de Diciembre de 2009 por en General


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