La justicia
De cuantas virtudes éticas describió Aristóteles muy probablemente podríamos destacar la justicia (dikaiosyne) como la más importante. Nada hay de extraño ya que, también hoy, somos capaces de utilizar la expresión “justo” como un sinónimo de “bueno”. Así, podemos decir de un hombre que consideramos bueno que “es un hombre justo” mientras que en las demás virtudes difícilmente podríamos hacer una identificación tan clara. Un hombre valiente puede ser malvado al igual que podemos reconocer la generosidad de un individuo aunque ésta sea la única de sus virtudes. Sin embargo, en el caso de la justicia, parece improbable que un hombre injusto pueda ser considerado como un buen hombre.
Además de ser una de las virtudes éticas principales, la justicia presenta la singular característica de ser una virtud un tanto inespecífica. Si bien podemos ofrecer intuitivamente una descripción de la valentía, existen muchas perspectivas desde las cuales podemos comprender la justicia. Aristóteles se enfrentó a este problema ya que en la antigua Grecia, al igual que hoy, con la palabra “justicia” se podían significar cosas muy distintas. La virtud, dice Aristóteles, en tanto que virtud perfecta puede comprenderse como la equidad, el cumplimiento de la ley, la generosidad o incluso la valentía. Así, llamamos justo al que cumple con la ley aunque también podamos referir la justicia de aquellos individuos que, independientemente de lo que la ley prescriba, obren de manera justa. Sin embargo, por más que la definición de justicia pueda resultarnos esquiva sí existe una primera característica común: la justicia, más que referirse al bien sobre uno mismo, parece estar en relación con el bien ajeno.



