El sabio practico: el phronimos
Dice Aristóteles: “Si la prudencia tiene por objeto lo que es justo, noble y bueno para el hombre […] el conocer estas cosas no nos hará más capaces de practicarlas” (1143b). Ocurre de manera análoga con la salud: podemos conocer qué alimentos y qué hábitos son saludables pero su mero conocimiento no nos hará más sanos. Es por ello que la phronēsis, dijimos, no es una mera “lucidez moral”.El phronimos delibera rectamente sobre qué es lo bueno pero dispone también los medios adecuados para obrar con arreglo a tal deliberación. Así, la phronēsis no nos procuraría simplemente la certeza de que debemos –por ejemplo- ser valientes, sino que dispondría los medios adecuados para que pudiésemos, de hecho, devenir hombres y mujeres valientes.
Es por ello que algunos intérpretes tradujeron phronēsis como sabiduría práctica. Como dijimos, existen formas de conocimiento cuya dimensión es puramente teórica o, al menos, no entrañan una aplicación necesaria. Puedo ser un experto ingeniero y no haber construido jamás un puente del mismo modo que puedo conocer toda la ciencia médica y llevar una vida completamente insana. Sin embargo, la phronēsis es una sabiduría orientada a la ejecución práctica concreta. Ser un sabio en sentido práctico es tanto como ser capaz de decidir correctamente y obrar en consecuencia.
Es curioso que, en referencia a tal carácter específico y concreto, la phronēsis no pueda ejercerse desde la contemplación teórica sino que requiera un ejercicio mantenido en el tiempo. El sabio práctico o phronimos ha construido su conocimiento a través de la experiencia por lo que, dirá Aristóteles, es imposible que los jóvenes dispongan aún de tal virtud. Existen, claro es, jóvenes capaces que pueden decirse expertos en geometría o ciencias. Sin embargo, dirá Aristóteles, la phronēsis requiere tiempo y experiencia ya que es una forma de conocimiento que atañe a las cosas particulares y no a los primeros principios. Parece que si queremos ser verdaderos phronimos tendremos que vivir con los ojos bien abiertos y esperar algunos años. Unos más que otros, claro.



