Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Diego S. Garrocho Salcedo

UAM / MIT / BC

Comunidad y amistad

Una de las partes más bellas e interesantes de la Ética Nicomáquea es la que Aristóteles dedica a la amistad. De hecho, es significativo que de los diez libros que componen el texto dos de ellos se dediquen al estudio de la amistad, una amistad que en su forma griega (philía) adquiere un significado distinto del que actualmente atribuimos a este término. Parece que Aristóteles ya quiso advertirnos de la importancia de la amistad al concederle un tratamiento tan extenso en su investigación moral ya que también en la Ética Eudemia el filósofo le  dedicó el Libro VII por entero.

La relevancia del estudio de  amistad en la Ética parece obvia ya que, si convenimos que la ética era un discurso racional sobre la vida buena, muy raramente alguien podría imaginar una vida feliz sin amigos. Por más que en nuestra vida coleccionemos éxitos, reconocimientos y honores nunca podríamos vivir enteramente felices sin el calor y la compañía de otras personas. Es por ello que Aristóteles definió al hombre como un animal político, un animal que al contrario que las bestias se siente inclinado a vivir en la pólis, rodeado de otros hombres con los que compartir un espacio, una lengua, una cultura y unos afectos. Hablamos porque tenemos alguien con quien hablar y podemos ser morales porque existen personas a las cuales podemos dirigir un trato digno o inadecuado.

La vida en comunidad (koinonia) es un requisito indispensable para la ética ya que si viviésemos solos extrañamente podríamos distinguir como moralmente correcto un comportamiento u otro. Es cierto que, además de con las otras personas, podemos y debemos ser justos con nosotros mismos. Sin embargo, no parece que utilicemos los términos bien y justicia en un mismo sentido cuando los empleamos en primera persona que cuando los referimos a alguien distinto de nosotros mismos. Para Aristóteles el lugar natural del hombre es la polis ya que fuera de ella sólo habitarían los dioses y las bestias. La ciudad nos brinda el habla (hablamos el idioma del lugar donde nacemos) y nuestra identidad depende de nuestra relación con los otros. Es por ello que el hombre tiene una inclinación a vivir con los otros, a compartir sus intereses, sus sentimientos y su palabra.



escrito el 21 de febrero de 2010 por en General


Escribe un comentario

Recuerda que:
  • Las opiniones aquí expresadas serán responsabilidad tuya, y en ningún caso de Aprender a Pensar
  • No se admitirán comentarios que vulneren lo establecido por las leyes y por las Normas de uso de este sitio
  • Aprender a Pensar se reserva el derecho de eliminar los comentarios que considere inadecuados
Los datos serán tratados de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, y demás legislación aplicable. Consultar nuestra Política de Privacidad
Aprender a Pensar