Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Diego S. Garrocho Salcedo

UAM / MIT / BC

Felizmente activos

Aunque sea inexacto, la eudaimonía aristotélica se ha traducido generalmente como felicidad, una felicidad que para el filósofo se describe como el fin mismo de la vida humana . Del mismo modo que el fin de la semilla es convertirse en árbol y el del gusano convertirse en mariposa, la finalidad más específica del ser humano es la felicidad. Sin embargo, el modo en que esta finalidad se inserta en la naturaleza del hombre no es tan determinante como lo era, en el caso de la semilla o de el gusano, ser planta o ser árbol.
Si la finalidad del hombre estuviese programada en nuestros genes bastaría con que la naturaleza hiciera su tarea para que, después de algún tiempo, todos pudiésemos declararnos hombres y mujeres felices. Podríamos tumbarnos al sol y esperar a que la naturaleza hiciera su trabajo. Desgraciadamente (o quizá, no tanto) la manera en la que Aristóteles distinguió a la felicidad como la finalidad de la vida humana es muy diferente al modo en que la finalidad opera en el resto de la naturaleza. Así, el filósofo advierte que la felicidad no es ninguna disposición, ni siquiera ningún hábito ya que, si así fuera, las decisiones que tomásemos a lo largo de nuestras vidas serían irrelevantes a la hora de alcanzar o no la vida feliz. De hecho, en un cierto modo, esta es una de las distinciones entre la tragedia y la filosofía: la primera representaba el modo en que el destino sometía a sus personajes; la ética, sin embargo, estudia los modos en los que los hombres pueden decidir vivir su vida.

Obviamente existen elementos que reducen nuestra capacidad de acción y decisión. Ya dijimos: el azar, la fortuna, las casualidades o las limitaciones naturales nos imponen unos márgenes difícilmente superables y, sin embargo, constantemente tomamos decisiones en busca de la felicidad. Según Aristóteles, el hombre es un animal que, podríamos decir, está “programado” para ser feliz; una felicidad que no se alcanza ni se conquista sino que, en un cierto sentido, “se ejecuta”.  La felicidad es así para Aristóteles una forma de actividad: enérgeia.



escrito el 13 de mayo de 2010 por en General


1 Comentario en Felizmente activos

  1. fp | 05-07-2011 a las 9:07 | Denunciar Comentario
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    Qé palabras más sensatas, “la finalidad más específica del ser humano es la felicidad”, me encanta aunque “una felicidad que no se alcanza ni se conquista sino que, en un cierto sentido, se ejecuta”, es decir que no vamos a alcanzarla sin uan voluntad y una acción decidida por conseguirla..muy bonita la reflexión

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