Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Diego S. Garrocho Salcedo

UAM / MIT / BC

Feliz elección

Para Aristóteles la felicidad consistiría en ejecutar la mejor disposición de la naturaleza humana. Es decir, de cuantas actividades, disposiciones y acciones pudieran distinguir al ser humano la felicidad consistiría en llevar a cabo aquello que pudiera distinguirse como “lo mejor que hay en nosotros”. En tanto que agentes morales (racionales, inteligentes, responsables)  podemos decidir qué queremos hacer, con quién queremos compartir nuestro tiempo, a qué preferimos dedicar nuestro esfuerzo… Y gran parte del debate moral se centra, precisamente, en ese proceso de deliberación previo a nuestra acción. Ese es el momento en que optamos por uno u otro camino.

La ética aristotélica vincula, como otras veces señalamos, la felicidad o eudaimonía al buen cumplimiento de nuestras mejores posibilidades. Esto es así gracias a que los seres humanos nunca estamos determinados “de una vez por todas”. A la pregunta ¿quién eres? podemos contestar de muchas formas distintas pero nunca habremos contestado del todo puesto que aquello que somos es siempre un proyecto inacabado. Los hombres, a pesar de las determinaciones que nos imponen las circunstancias y nuestra naturaleza, nos encontramos inscritos en un permanente proceso de construcción. Estamos, de algún modo, escribiendo línea a línea nuestra propia biografía. Una biografía a la que, hasta nuestro último día, aún le quedarán capítulos por escribir.

Es por ello que Aristóteles distingue la felicidad como una actividad, como aquella ejecución de nuestras mejores posibilidades. Todos intuimos quiénes somos pero, toda vez que nos reconocemos como individuos libres, son muchas las posibles identidades que podemos adquirir. A cada instante decidimos y nos decantamos por acciones que determinan aquello que somos. Nos vamos configurando en el curso de nuestra acción y, lo que en principio podían ser muchas vidas posibles las vamos restringiendo hasta vivir sólo una. “Yo soy yo”, podemos decir, pero estamos siempre a tiempo de elegir qué tipo de “yo” queremos ser. Desde el momento en que elegimos la ropa que llevaremos esta mañana (elección que me convertirá en “el chico del pantalón azul” o “el chico del pantalón marrón”) hasta la carrera universitaria que escojo y que me definirá como abogado, filósofo o arquitecto, estamos determinando aquello que somos.

La felicidad consistiría, entonces, en el cumplimiento de nuestra mejor posibilidad, en el ejercicio de nuestras mejores acciones posibles. Para Aristóteles, una vida feliz es aquella que ha sabido optimizar los recursos que la fortuna y la naturaleza nos han brindado, una vida en la que se ha sabido elegir conforme a las virtudes que hemos enumerado a lo largo de este blog. La vida feliz es la vida valiente, la vida magnánima, la vida generosa… en definitiva, la buena vida es aquella en la que de uno u otro modo hemos sabido elegir. Y elegir significa elegir nuestros amigos, nuestros estudios, nuestros contextos… pero también es saber elegir nuestros valores, nuestros principios y nuestras razones. Sin embargo, lo más importante es saber elegir qué tipo de persona queremos ser. La vida feliz es, por tanto, aquella que ha sabido elegir el mejor yo de todos nuestros “yoes” posibles.



escrito el 23 de Mayo de 2010 por en General


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